¿Por qué
las mujeres pierden su deseo sexual?
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La disminución del apetito sexual o
libido puede sucederle a mujeres u hombres, y en cualquier caso es detonador de
numerosos sinsabores y falta de entusiasmo para enfrentar la vida. A pesar de
ello hay buenas noticias sobre este
problema: es posible erradicarlo.
Tener relaciones sexuales placenteras
es, de acuerdo a estudios médicos, excelente recurso para tener buen humor,
lucir joven o ejercitar al corazón, pulmones y algunos grupos musculares,
aunque es evidente que también puede tratarse de una de las experiencias más
sublimes de la vida en pareja; no en vano, sería difícil utilizar palabras para
tratar de describir las emociones y la comunicación que se experimentan al
acariciar el cuerpo del ser amado, oler su piel y participar del gozo mutuo.
Por desgracia, lo anterior no significa
que erotismo y sensualidad sean temas valorados en su justa dimensión, pues
todavía siguen siendo objeto de menosprecio, juicios morales restrictivos,
educación mal encaminada e imposición de estereotipos sociales que interfieren
en el desempeño de las personas durante un encuentro amoroso, limitan su
disfrute y reducen el anhelo de llevarlo a cabo, es decir, ocasionan apatía
sexual.
Toda persona que sospeche de alguna
anormalidad en su desempeño sexual debe de acudir a un especialista, ya que
éste cuenta con la formación necesaria para ayudarle a emprender cambios que
redundan en una mejor calidad de vida.
"Hombres y mujeres tenemos derecho
a una vida sexual plena, satisfactoria, saludable y enriquecedora, por lo que
vale recordar que estos problemas son superables gracias a una buena terapia
encaminada a lograr que esta parte de nuestra existencia sea agradable y
divertida, en vez de angustiante".
Las disfunciones sexuales son aquellas
circunstancias psicológicas o físicas que afectan a uno o más de los procesos
que conforman la naturaleza erótica, y que "a pesar de ser alteraciones
muy localizadas o concretas, su alcance es mucho mayor porque llegan a afectar
la salud global del paciente, su autoestima y su relación con las demás
personas".
De acuerdo con algunos criterios
elaborados por especialistas, estas disfunciones pueden clasificarse en cuatro
grupos:
·
Del deseo. Afectan el grado
de motivación que se tiene para iniciar un acercamiento sexual, y pueden ser de
dos tipos: síndrome del deseo sexual hiperactivo, cuando el nivel de apetito sexual
sobrepasa los niveles esperados, e hipoactivo, que es el caso que nos ocupa, y
se distingue por el bajo o nulo interés para promover o aceptar tener
relaciones sexuales.
·
De la excitación. Varían
de acuerdo al género del paciente; la mujer presenta dificultad para sentirse
excitada, lograr la lubricación, o ambas, mientras que el hombre tiene
problemas para sentir excitación, alcanzar una erección, o las dos cosas.
·
Del orgasmo. Hacen
referencia a problemas para que el cuerpo alcance el momento más placentero de
la relación o a aquellos casos en que hay incapacidad para disfrutarlo.
·
Fisiopatológicas. Son
todos los problemas físicos, enfermedades e infecciones que afectan
directamente a la vida sexual.
El síndrome del deseo sexual hipoactivo,
que es como se conoce técnicamente a la disminución del deseo, incide con mayor
frecuencia en mujeres que en hombres, aunque no ha quedado claro si esto se
debe a algún factor de tipo orgánico o cultural. También se ha determinado que
es común en personas con depresión, que pasan por un período de duelo, tienen
mucho estrés y preocupaciones, sufren alguna enfermedad que altera su salud o
padecen algún cambio hormonal notable, por ejemplo, climaterio o menopausia
(fin de la vida reproductiva femenina).
Es importante hacer notar que la
ausencia del deseo sexual no excluye la posibilidad de sentir placer o
excitación, pero hace menos probable que el paciente emprenda alguna actividad
erótica debido a la disminución de la búsqueda de estímulos de contenido sexual
y a la escasa o nula presencia de pensamientos o fantasías sensuales
acompañadas de sentimientos de deseo.
Esta disfunción tiene un perfil
particular en cada género, con dificultades y escenarios particulares.
“La mujer vive situaciones desagradables
e incómodas porque por un lado enfrenta la insistencia y reproches de su pareja
para tener relaciones y, por el otro, la influencia de la sociedad que apoya su
apatía hacia la sexualidad, ya que culturalmente pareciera que es bueno que no
experimente deseo”.
Las condiciones del varón no son más
sencilla, pues a pesar de que "hay vivencias que son muy parecidas a las
que tiene la mujer, es probable que la presión que reciba sea mucho mayor: los
estereotipos dictan que él debe contar con gran apetito sexual, y que tiene que
buscar y proponer en las relaciones íntimas. Para evitar esto inventa excusas,
se esconde, rehúye al contacto, y en ocasiones, para superar las críticas le
parece mejor que piensen que su conducta se debe a que es infiel".
La evaluación de una disfunción sexual
debe correr a cargo de un especialista para distinguir las causas del problema,
mismas que se pueden agrupar en médicas (problemas hormonales, malformaciones,
enfermedades circulatorias o renales) y psicológicas (ansiedad, estricta
educación moral, experiencias previas insatisfactorias, estrés, miedo a la
intimidad, sentimientos negativos a uno mismo), aunque no hay que olvidar otros
factores como desamor, incomunicación, etc.
Todas estas alteraciones necesitan
primero que una de la pareja o ambos detecten el problema y consulten con un
especialista.
Todas las personas tenemos derecho a una
sexualidad placentera, si tú tienes algún problema consulta, no tengas miedo. Como
dije al principio todas se pueden erradicar.
Dra. Sonia López de Calderón.
Ginecologa-Obstetra.
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