viernes, 8 de junio de 2012


¿Por qué las mujeres pierden su deseo sexual?


La disminución del apetito sexual o libido puede sucederle a mujeres u hombres, y en cualquier caso es detonador de numerosos sinsabores y falta de entusiasmo para enfrentar la vida. A pesar de ello hay  buenas noticias sobre este problema: es posible erradicarlo.
Tener relaciones sexuales placenteras es, de acuerdo a estudios médicos, excelente recurso para tener buen humor, lucir joven o ejercitar al corazón, pulmones y algunos grupos musculares, aunque es evidente que también puede tratarse de una de las experiencias más sublimes de la vida en pareja; no en vano, sería difícil utilizar palabras para tratar de describir las emociones y la comunicación que se experimentan al acariciar el cuerpo del ser amado, oler su piel y participar del gozo mutuo.
Por desgracia, lo anterior no significa que erotismo y sensualidad sean temas valorados en su justa dimensión, pues todavía siguen siendo objeto de menosprecio, juicios morales restrictivos, educación mal encaminada e imposición de estereotipos sociales que interfieren en el desempeño de las personas durante un encuentro amoroso, limitan su disfrute y reducen el anhelo de llevarlo a cabo, es decir, ocasionan apatía sexual.
Toda persona que sospeche de alguna anormalidad en su desempeño sexual debe de acudir a un especialista, ya que éste cuenta con la formación necesaria para ayudarle a emprender cambios que redundan en una mejor calidad de vida.
"Hombres y mujeres tenemos derecho a una vida sexual plena, satisfactoria, saludable y enriquecedora, por lo que vale recordar que estos problemas son superables gracias a una buena terapia encaminada a lograr que esta parte de nuestra existencia sea agradable y divertida, en vez de angustiante".
Las disfunciones sexuales son aquellas circunstancias psicológicas o físicas que afectan a uno o más de los procesos que conforman la naturaleza erótica, y que "a pesar de ser alteraciones muy localizadas o concretas, su alcance es mucho mayor porque llegan a afectar la salud global del paciente, su autoestima y su relación con las demás personas".
De acuerdo con algunos criterios elaborados por especialistas, estas disfunciones pueden clasificarse en cuatro grupos:
·         Del deseo. Afectan el grado de motivación que se tiene para iniciar un acercamiento sexual, y pueden ser de dos tipos: síndrome del deseo sexual hiperactivo, cuando el nivel de apetito sexual sobrepasa los niveles esperados, e hipoactivo, que es el caso que nos ocupa, y se distingue por el bajo o nulo interés para promover o aceptar tener relaciones sexuales.
·         De la excitación. Varían de acuerdo al género del paciente; la mujer presenta dificultad para sentirse excitada, lograr la lubricación, o ambas, mientras que el hombre tiene problemas para sentir excitación, alcanzar una erección, o las dos cosas.
·         Del orgasmo. Hacen referencia a problemas para que el cuerpo alcance el momento más placentero de la relación o a aquellos casos en que hay incapacidad para disfrutarlo.
·         Fisiopatológicas. Son todos los problemas físicos, enfermedades e infecciones que afectan directamente a la vida sexual.
El síndrome del deseo sexual hipoactivo, que es como se conoce técnicamente a la disminución del deseo, incide con mayor frecuencia en mujeres que en hombres, aunque no ha quedado claro si esto se debe a algún factor de tipo orgánico o cultural. También se ha determinado que es común en personas con depresión, que pasan por un período de duelo, tienen mucho estrés y preocupaciones, sufren alguna enfermedad que altera su salud o padecen algún cambio hormonal notable, por ejemplo, climaterio o menopausia (fin de la vida reproductiva femenina).
Es importante hacer notar que la ausencia del deseo sexual no excluye la posibilidad de sentir placer o excitación, pero hace menos probable que el paciente emprenda alguna actividad erótica debido a la disminución de la búsqueda de estímulos de contenido sexual y a la escasa o nula presencia de pensamientos o fantasías sensuales acompañadas de sentimientos de deseo.
Esta disfunción tiene un perfil particular en cada género, con dificultades y escenarios particulares.
“La mujer vive situaciones desagradables e incómodas porque por un lado enfrenta la insistencia y reproches de su pareja para tener relaciones y, por el otro, la influencia de la sociedad que apoya su apatía hacia la sexualidad, ya que culturalmente pareciera que es bueno que no experimente deseo”.
Las condiciones del varón no son más sencilla, pues a pesar de que "hay vivencias que son muy parecidas a las que tiene la mujer, es probable que la presión que reciba sea mucho mayor: los estereotipos dictan que él debe contar con gran apetito sexual, y que tiene que buscar y proponer en las relaciones íntimas. Para evitar esto inventa excusas, se esconde, rehúye al contacto, y en ocasiones, para superar las críticas le parece mejor que piensen que su conducta se debe a que es infiel".
La evaluación de una disfunción sexual debe correr a cargo de un especialista  para distinguir las causas del problema, mismas que se pueden agrupar en médicas (problemas hormonales, malformaciones, enfermedades circulatorias o renales) y psicológicas (ansiedad, estricta educación moral, experiencias previas insatisfactorias, estrés, miedo a la intimidad, sentimientos negativos a uno mismo), aunque no hay que olvidar otros factores como desamor, incomunicación, etc.
Todas estas alteraciones necesitan primero que una de la pareja o ambos detecten el problema y consulten con un especialista.
Todas las personas tenemos derecho a una sexualidad placentera, si tú tienes algún problema consulta, no tengas miedo. Como dije al principio todas se pueden erradicar.

Dra. Sonia López de Calderón.
Ginecologa-Obstetra.